
Auto. Ruta. Montañas siempre allá al oeste. Cielo muy azul. Sol. Camiones. Arboles. Muchos árboles en fila. Plantaciones. Neil Young cantando Down by the river, fuerte. Ventanilla baja. Viento. Viento por la ventanilla baja. Curva. Cartel pintado a mano y atado con alambre. Giro en U hasta el santuario de la Cruz Negra.
Silencio.
Desierto y silencio y sol y cielo azul. Muy azul.
Miro, casi sintiéndome un intruso, las cosas que dejaron en el santuario los muchos peregrinos. Pedazos de autos. Fotos que siempre parecen de hace mucho, no sé, de los años 40. Zapatillas. Ropa. Alguna camiseta de futbol. Rosarios. Muchos rosarios. Estampitas de vírgenes y santos. Patentes de autos. Muchas. Nuevas, viejas, de varias provincias y varios países. Una patente ADN-666. Piel de gallina. Botellas vacías, blancas, verdes. Botellas verdes. Sol que empieza a esconderse en la cordillera y pasa a través de las botellas vacías. Carritos de bebé. Flores de tela. Flores de tela gastadas y descoloridas.
Silencio. Viento y cielo más azul.
Me acuerdo de una frase del libro que estoy leyendo –"...estaba testeando las profundidades del silencio. O las ganas de uno de estar en silencio. O el miedo a esas ganas..."–. Otra vez, piel de gallina.
Unos perros ladran. Me ladran.
Vuelvo al auto.
Vuelvo a poner Neil Young, más fuerte que antes.
Vuelvo a la ruta vacía.
Sigo para adelante, sin parar, sin mirar atrás y cantando fuerte. Más fuerte que antes.