
Mi madre viaja a Iguazú. Además de fotos de las Cataratas, anécdotas de Ciudad del Este y más historias de vuelos retrasados y esperas en aeropuertos, se trae varios frascos y botellas de productos regionales.
Y, entre estos, veo unos ajíes marca Pu-Pa Ta-Rio.
Me pregunto si el detalle de la etiqueta llega a ser genial, un guiño al cliente, o si es pura berretada de no animarse a llamar las cosas por su nombre. O si será que alguien –¿Cris Morena? ¿el Grupo Clarín? ¿La Serenísima y Pancho Ibañez?– ya tiene registrado el puta parió y ahora no podamos mandar ahí al que sea que querramos mandar ahí cuando mordemos uno de esos ajicitos.
No importa. Espero que con los ajíes putaparió Pu-Pa Ta-Rio mi mamá haga una de sus muy buenas salsas, nos avise, y pasamos.




