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separar en silabas


Mi madre viaja a Iguazú. Además de fotos de las Cataratas, anécdotas de Ciudad del Este y más historias de vuelos retrasados y esperas en aeropuertos, se trae varios frascos y botellas de productos regionales.
Y, entre estos, veo unos ajíes marca Pu-Pa Ta-Rio.
Me pregunto si el detalle de la etiqueta llega a ser genial, un guiño al cliente, o si es pura berretada de no animarse a llamar las cosas por su nombre. O si será que alguien –¿Cris Morena? ¿el Grupo Clarín? ¿La Serenísima y Pancho Ibañez?– ya tiene registrado el puta parió y ahora no podamos mandar ahí al que sea que querramos mandar ahí cuando mordemos uno de esos ajicitos.
No importa. Espero que con los ajíes putaparió Pu-Pa Ta-Rio mi mamá haga una de sus muy buenas salsas, nos avise, y pasamos.

SHINY HAPPY PEOPLE


Estamos comiendo en Felicidad, en el primer piso.
La calle allá abajo, la esquina, el sol, la gente pasando, los colores, la limonada de jengibre y menta, los aromas, el suave silencio. Parece como que estamos en otra parte, afuera, en otra ciudad.
Vemos, hablamos, imaginamos dibujos y libros y fotos y canciones y otras ciudades y, supongo, que el nombre del lugar viene de estas pequeñas cosas.

borgia cafe revisited


Una mesa cerca de la ventana y hazelnut coffee y velas y la gente pasando y el frío afuera y la gente pasando con sus bufandas y gorros y esta calle que está en muchas de mis fotos sin que yo supiera que era esta calle y revolver el café y sentir que estar ahí es como un viaje al primer viaje y a los demás viajes y es decirse 'acá estoy, una vez más, y vas a volver' y sonreir detrás de la taza humeante, esas tazas pesadas de loza gruesa, porque nos gusta escuchar esas palabras y nos las creemos porque sabemos que no nos mentimos y somos felices por eso.
Y entonces volvemos y vamos a seguir volviendo. A esta ciudad, a esta calle, a este café. A mirarnos detrás de estas humeantes tazas de loza gruesa.

go back to nordelta, plis


Cada vez que estamos por ahí, vamos a comer a este lugar. Ya es una de esas pequeñas costumbres que uno va esperando cuando vuelve a un lugar: comida mexicana ahí, pescados en el otro lugar.
Y siempre, cada vez que vamos, en la mesa de al lado, hay unos de estos personajes que no paran de hablar de lo exitosos que son, de lo mucho que conocen el mundo, de que tal o cual es un hippie porque estudia arte, que tal o cual está gordo y debería darle vergüenza, que la empresa esto, que la Universidad de San Andrés lo otro, que el MBA, que el CASI.
Pará. Venís a un lugar de comida mexicana y con tu tono afectado de shanishidro pedís milanesas con papas fritas –"no, el picante, viste, me cae pesado"– y te reís de que en el menú hay crepas de cajeta.
Igual, a nosotros nos encanta. La comida, el picante, los chilaquiles, los frijoles, las fajitas, obvio.
Y, desde ya, reirnos de lo tarados que son estos sujetos.

english breakfast


Ayer, martes –llovizna, discos, el Mersey, Rockferry, frío, los Beatles en posters en la calle y en tapas de revistas, Liverpool, caminata por los docks, libro, Hornby, Londres, el Arsenal, viento, cuello del abrigo levantado, primavera muy british.
Hoy, miércoles –cama, frazadas, dolor de garganta, tos, té caliente, miel.

faalaaafellll


El plan, decidimos, es éste: el día de nuestros cumpleaños terminamos con mil planes y cosas para hacer, así que nos reservamos la cena de la noche anterior y nos preparamos el plato que el cumpleañero elija –y, sí, este año me tocó falafel casero en pan árabe y una rica cerveza checa.
Aaaahhh!
Es como tener, cada año, un deseo extra, un bonus track de deseos.