saturday night fever


Recién termino de leer Fiebre en las gradas. Léanlo si les gusta el fútbol o si quieren entender a los que nos gusta el fútbol o si quieren terminar de convencerse de que no tenemos remedio: está muy bueno.
Leí el libro y volví a pensar y ver y sentir qué es ser un hincha y disfrutar/sufrir los partidos y que las semanas tengan un antes y un después de ese partido –justo un día, unas horas, antes de EL partido, justo cuando, después de muchísimo tiempo, volvemos a estar nerviosos en serio por un partido de la selección.

generacion wi-fi

Cola del supermercado. Caja rápida, máximo quince unidades. Mientras, por sobre mi hombro, una vieja trata de verificar si tengo más de los quince artículos, adelante, dos pibes hablan de una tal Verónica:
–¿Y? ¿Está buena?
–¡No la toco ni con un láser!
En mi época, las cosas feas se tocaban con un palo. Y láser usaban Han Solo y Chewbacca para despacharse stormtroopers. Había que animarse a enfrentarse a los stormtroopers y había que animarse a acercarse a las cosas feas.
Aunque sea con un palo.

a guardar, a guardar, cada cosa en su lugar


Cuando uno sopla las velitas, tendría que guardarse un deseo: poder hacer en el año alguna de las cosas que se puso en la lista-de-cosas-por-hacer-este-año.
Este año, después de prometerlo muchas veces, ordenar la biblioteca entró en los primeros puestos de la lista de hits.
Así que ahí, ya, se viene.
Pero va a ser una vez que sepa qué orden darle –¿por autor? ¿por colección? ¿por tema? ¿por color?– y cuando haga algún sistema para que Ana pueda encontrar los libros –cosa que no pasa con los discos: me di cuenta que el orden que tienen ahora es bastante incomprensible, por lo que ahora, ya, agrego a la lista-de-cosas-por-hacer-este-año: ordenar de nuevo los discos.
Sí, este año lo hago, te lo prometo.

dale rojo


Estoy leyendo Fiebre en las gradas, de Nick Hornby. Una muy buena novela, un muy divertido libro sobre fútbol, sobre ser hincha de un equipo, sobre una relación casi obsesiva con el fútbol y los jugadores y el equipo –primera línea: "Me enamoré del fútbol tal como más adelante me iba a enamorar de las mujeres: de repente, sin explicación, sin hacer ejercicio de mis facultades críticas, sin ponerme a pensar para nada en el dolor y en los sobresaltos que la experiencia traería consigo"–.
Y, esta semana, cuando faltan pocos días para saber si el Mundial es o no es para nosotros, estos días cuando el fútbol es, de alguna manera, el centro de muchas cosas, aquellos dolores y sobresaltos de los que hablaba Hornby, quedaron un poco de lado y miro por acá y, sí, ahí está, encuentro a este último sobreviviente de esos once muñecos que me regalaron cuando nací o cuando cumplí un año y le sonrío: qué linda es la semana cuando ganamos.

recitales eran los de antes

Depeche Mode, Pet Shop Boys. ¿Quién más? ¿A-Ha? ¿Tears for Fears? ¿Erasure? ¿Wham!? Mejor idea, ¿por qué no conseguimos al Doc Brown y a Marty McFly y llevamos este Personal Fest a algún momento allá por el 87, 88, y todos contentos?
Basta –lo sabemos, estuvimos ahí–: los 80s fueron un desastre!

fab


Es algo lindo encontrarse con estas cosas por la calle, hoy, todavía. Y leer que los discos acaparan –¿estamos en 1964?– las listas de discos vendidos. Y leer que se vuelve a hablar de listas de discos vendidos y no de canciones downloaded. Y volver a buscar mi Help!, mi Rubber Soul, mi Abbey Road, mi Revolver, mi With the Beatles. Remasterizados o no, siguen sonando geniales, siguen siendo el big bang de todo y ahí, en trece discos y ocho años, está toda la historia, están los cambios, las revoluciones, lo nuevo y lo viejo, están los sesenta, lo que vino antes y lo que estaba por venir y lo que está hoy por venir. Todo. Un día en la vida, un ayer y un mañana que nunca sabe, aquí, allá, en todas partes. Todo eso o solamente cuatro tipos tocando como nunca otros –ni ellos mismos– iban a tocar. Todo, yeah, yeah, yeah.

letrasflores


Cada tanto, está bueno volver a conectarse con las letras –así, letras: letras solas, letras puras, letras como letras, letras como trazos, letras como objetos, letras como flores.

(Muestra de caligrafía de Betina Naab, en la Galería de Arte de la UCES, en Paraguay 1318, hasta el 2 de octubre)

english breakfast


Ayer, martes –llovizna, discos, el Mersey, Rockferry, frío, los Beatles en posters en la calle y en tapas de revistas, Liverpool, caminata por los docks, libro, Hornby, Londres, el Arsenal, viento, cuello del abrigo levantado, primavera muy british.
Hoy, miércoles –cama, frazadas, dolor de garganta, tos, té caliente, miel.

faalaaafellll


El plan, decidimos, es éste: el día de nuestros cumpleaños terminamos con mil planes y cosas para hacer, así que nos reservamos la cena de la noche anterior y nos preparamos el plato que el cumpleañero elija –y, sí, este año me tocó falafel casero en pan árabe y una rica cerveza checa.
Aaaahhh!
Es como tener, cada año, un deseo extra, un bonus track de deseos.

cuando te regalan un reloj, no te estan regalando un reloj


Ana me regaló estos anteojos –y este dibujito– y el sábado, obvio, salió el sol. Igual, aunque hubiese seguido lloviendo, salía con los anteojos puestos, desde ya, porque cuando te regalan unos anteojos, no te están regalando unos anteojos, te están regalando que salga el sol.

el lado a


Hace unos días, salió la caja con las nuevas ediciones de todos los discos de los Beatles. Obvio, deben estar buenísimos, el sonido debe ser impecable y debe estar, casi seguro, muy cerca de lo que sonaban en los estudios de Abbey Road, me gustaría tenerlos y demás.
Pero, llámenme nostálgico-snob-cabezadura-cavernícola, sigo prefiriendo el viejo disco 33 de Help!, todavía con los garabatos que le autografié a los dos años y con la cinta scotch que mi mamá le puso cuando se dio cuenta de que la tapa de cartón estaba demasiado en mis manos mientras escuchaba sin parar –y otra vez y otra vez– el lado A.

pd: y, Ma, si estás buscando el disco por algún rincón, no te preocupes, no se perdió, lo tengo yo acá.

goodbye ruby tuesday (las semanas terminan los martes)


Cuando el teléfono suena a las tres de la mañana, a mitad de la noche, no hay nadie en la línea. Cuelgo. Y ya no puedo volver a dormir. Corro las cortinas, las que ella compró alguna vez, y abro la ventana. Afuera, espejos y luces llenan de puntos la ciudad todavía oscura. Afuera, lejanos sonidos de autos, sirenas, esquinas vacías. ¿Qué esperabas? ¿Realmente esperabas algo distinto?
El teléfono me despierta y no puedo volver a dormir. Ya es martes. Otra noche así.
Abro la ventana y dejo que algo del aire fresco de Barrow Street entre en la habitación. No hace frío, pero debe ser porque no corre mucho aire. Todo parece quieto aquí. Estoy cansado, aunque hace días, creo, que no hago nada. Y eso es más agotador que cualquier otra cosa. Me tiro en la cama, los ojos fijos en el techo. Los cierro, los abro. El techo, ahí arriba. Los ojos abiertos. Silencio. Aunque los silencios no son silencios en esta ciudad.
Podría dormir hasta que termine septiembre.
Doy vueltas en la cama. Trato de dormir pero sólo es un espejismo de dormir, una inútil mímica del sueño —cerrar los ojos, soltar el cuerpo, una pensada regularidad de la respiración, no pensar, rendirse— pensar en algo sin pensar. Imposible, lo sé. Los ojos fijos en el techo.
Y, entonces, estoy dando vueltas por la habitación.
Otra vez.

(seguí leyendo acá)

(Este cuento lo escribí hace años, tres, cuatro. Tiene el mismo nombre que después le puse al blog y que antes tenía, en una muestra que hice, la foto de arriba. Hoy lo volví a leer. Y lo subí, porque es hoy y porque me sigue gustando que hable de los martes, de las calles que me gustan y que haya frases sacadas de los Sonic Youth por ahí escondidas).

one record a day


Hace un tiempo, hice el ejercicio de contar, cada día, qué música estábamos escuchando acá o donde estuviésemos. La cosa pasaba por elegir un disco por día. Un disco, sin repetir y sin soplar.
Creo que seguí con eso, puntualmente, poco más de cuarenta días o algo así. Lo que no quiere decir que hayamos dejado de pasar discos y sí quiere decir, probablemente, ya me conocen, que soy un poco vago.
Pero voy a empezar de nuevo, aunque no prometo ser tan puntual. Y no por colgarme, sino porque me pasa –siempre me pasa, en realidad– que hay discos que empiezan a sonar y después empiezan a quedarse días y días ahí sin que nadie quiera cambiarlos.

pd: los discos de aquellas seis o siete semanas (y los que agregue desde hoy), están recopilados, acá, en One record a day, el blog..
Pasen, lean y, después, pasen a disfrutar los discos.

b.d.


Coinicidencias. ¿Coincidencias? En el planeta Dylan no hay tal cosa. Hace días que tenemos fijo en el equipo el último disco, Together through life, y por todas partes, ahora, noticias de Bob Dylan.
Primero, que lo arresta en New Jersey una mujer policía, que no lo reconoce, porque denunciaron que por el barrio había merodeando "un viejo desprolijo y de conducta sospechosa" o algo así.
Después, que está negociando para poner su voz en un sistema de GPS –"you don't need a weather man to know which way the wind blows"– y supongo que no importa perderse si el que dice para-acá-para-allá es Bob Dylan.
Y, al final, que está por sacar otro disco.
Un disco de clásicos navideños.
Jingle bells, babe.

transito pesado

Lo decía un personaje de un cuento que nunca terminé de escribir. Y hoy, yendo a una imprenta en Parque Patricios y cruzando las avenidas de la ciudad rodeado de carriles exclusivos, me acordé: los viernes de lluvia, en esta ciudad, le dan una excusa a la gente para estar más pelotudos.

hablando de covers

Y entonces estoy con ganas de escuchar covers.
Hay algo de juego, algo de complicidad, de secreto –el músico y nosotros sabemos de qué se trata esa canción–, algo de decir "de acá vengo", algo de puente. Porque si las canciones son viajes, hay canciones que son puentes. Para ir –o volver, porque los puentes se cruzan para los dos lados– a otras canciones. Y los covers son algo así: una forma de seguir y pasar a otro lado y seguir viajando.
Y entonces, esto de usar las words & lyrics de otros para decir lo que sentimos. Y usar esa música es, así, un guiño que el músico nos hace, es usar esa canción como puente, es ir compartiendo la misma ruta.
Porque yo le creo a Cat Power cuando canta At the dark end of the street y le creo a Tori Amos cuando elige, de todo lo que hay para elegir de Lou Reed, la inquietante New Age.
Y, entonces, pienso en los covers que me gustan y, como me gusta hacer listas –thanks, Rob Gordon–, empiezo con Words of love –los Beatles adorando a Buddy Holly– o Pale blue eyes –REM y "la" canción de amor de la Velvet Underground–, o la versión de los White Stripes de I just don't know what to do with myself. Y sigo: Patti Smith y su clásico Gloria, que es más de ella ya que de Van Morrison –y con "Jesus murió por los pecados de alguien, pero no por los míos", que debe ser la mejor primera línea de una canción y de un disco y de una carrera–, el Bowie del Kurt Cobain casi final y unplugged –The man who sold the world–, y House of the rising sun –otra vez, y ahora por los Animals–. Sigo. Salgo de You've got that loving feeling y el Elvis de vuelta de todo, paso por los Sonic Youth haciendo una casi perdida I'm not there de Dylan –porque todos los caminos conducen a Dylan–, y termino en Jersey Girl, que a esta altura no sé si es de Springsteen o Tom Waits.
Muchas canciones. Muchos puentes. A otras canciones, a muchos otros viajes. Y a veces está bueno ir de copiloto o ir de la mano de una de esas canciones de otros. El que maneja es Dylan, nos dedicamos a ver pasar el paisaje, nos echamos hacia atrás, el viento entra por la ventanilla.
Y, sí, lo disfrutamos.

one we all know

Un viernes, en Despacio Martínez. Muestra, risotto, vino, un sujeto tocando. Diálogo al final:
C: Medio malo, ¿no?
Yo: Y... sí.
C: Y no terminaba más.
Yo: A la cuarta canción tendría que haberse dado cuenta...
C: ¿Y?
Yo: ... y tocaba un cover. Siempre ayuda un cover.

radio random

Auto, noche, volviendo, Figueroa Alcorta, radio. Y Wish you were here, y Love of my life, guitarras, lindos recuerdos, lindos momentos, y Uno, dos, ultraviolento y el volúmen arriba, ventanilla baja, y está bueno ir gritando por ahí y riendo: y ahora qué pasa, eh?

sonics

Acabo de escuchar Antenna, del último de Sonic Youth, y es –ya, a esta altura– la mejor canción del año.

churro bold


Aunque, a veces, el diseño horrible es tan, tan bonito.

lo bueno y lo feo


Afiches en la calle. No son lindos –¿cuánto hace que no hay afiches lindos en Buenos Aires, eh?–, pero usaron la misma foto que puse acá abajo. Ah, y escribieron mal el nombre. Igual, vamos a ir.

jazz en all-stars


Leo que vuelve a tocar en Buenos Aires, en septiembre. Y entonces salgo con el auto y agarro el Art of the Trio II –el primero de sus discos que compré– y voy escuchándolo mientras manejo por la Costanera y llueve y ahí está Moon River y entonces es Holly Golightly y son las ventanas de Manhattan y es, entonces, un viaje y viajo a NY, viajo al primer viaje a NY, y desde ahí –de NY y de ese disco– a los otros discos, a House on Hill, a Places, a Progression, al último en el Village Vanguard, a los Beatles, Radiohead, Miles, Thelonious, Drake, Gershwin, Chaplin, a Monk's Dream, a Sehnsucht, a 29 Palms, a August Ending, a How long has this been going on, a Blackbird, a Paranoid Android, a Smile, a Buddha Realm. Y a la sublime Exit Music (for a film) que está en dos de sus discos, está en una escena lindísima de una peli sueca o noruega que no recuerdo, y que debe, ya, estar en la cabeza de Thom Yorke, que se pregunta ¿esa versión no es mejor que la mía?, sonríe su cara torcida, y dice aaahhh.

(Brad Mehldau, en el Gran Rex, el 8 de septiembre. Yeah.)

partes

Creo que el único libro que tenemos repetido en nuestra biblioteca es Frankenstein.
Supongo que toda biblioteca es, de alguna forma, un frankenstein –una criatura.

¿que estas leyendo?


Si cuando termino un libro, no sé cuál leer después, me pasa esto de ahora, esto de estar parado frente a la parte de la biblioteca donde están los libros que no leí –están ahí por inercia, no por un orden diseñado– sin poder elegir alguno. Y puedo estar así días –semanas!
Sí, tiene que ser cuando termino un libro, ahí, recién, con las páginas-cadáver todavía calientes y las ganas de que el libro se termine todavía luchando con las ganas de seguir disfrutándolo.
Estoy en uno de esos días.
Miro y esos libros todavía son sólo nombres, tapas, títulos, colores, Times New Roman, partes de la biblioteca desordenada. Todavía no son historias, todavía no son páginas, todavía no somos nada, todavía no son parte del camino a otro libro después.

gracias, mexico


Anoche. Comemos mole, cochinita, chilaquiles. Me acuerdo de una vez que nos enchilamos con Diego comiendo chiles rellenos. Y me acuerdo de una foto de un cartel en el Palacio de Gobierno, en el DF.

Česky


Una vez quise aprender checo. Sí, ok, recién había vuelto de un viaje a Praga y la ciudad es especial. Pero también me había gustado el idioma y, sobre todo, me gustaba –me encantaba– cómo se veía en los carteles.

osos en ny


Ya lo sé: ya vamos a ir y cruzar ese puente otra vez para ver los colores y los carteles y las manzanas de caramelo de Coney Island.

(La ilustración es, obvio, de Ana)

ruta y discos

Y, unos días después, ya estamos en la ruta y no hay nadie y hay nubes y ponemos The Greatest en repeat.

jueves


Ella canta, llora, regala flores, baila un poco fuera de ritmo y canta House of the Rising Sun y yo tardo unos minutos en reconocer la canción y después tardamos días en volvernos de ese viaje que pasa por NY, Patti Smith, el Delta y el South, la Velvet Underground, Janis, The Dark End of the Street, Bob Dylan y todas las imágenes y todas las canciones que son House of The Rising Sun.

out


Todo empieza en algún lugar. Todo sale, todo viene de algún lugar. Y todo, acá, creo, empieza por las primeras líneas de En el camino hace muchos años y por todas las veces que volví a agarrar ese libro –esa edición, en castellano–, acá o en algún lugar off the road para, siempre, sentirle el mismo gustito y, al mismo tiempo, encontrarle otra vuelta. Otra curva, otro desvío, otro u-turn, otro lugar al que tratar de llegar.